Nevada II. Más allá de la poesía.

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Viernespasado. Temprano, recién empieza a aclarar. El cielo está absolutamente cubierto y la nevisca que empezó anoche se convierte en nevada. El jardín está blanco, pero entre la nieve todavía se asoma pasto, lo que quiere decir que fue muy poco lo que nevó acá, en casa. En otros lugares, como en El Bolsón, ya nevaba bastante anoche y hoy debe estar mucho más blanco aún.

Y siendo viernes y habiendo nevado, no necesito más excusas para declarar feriado a este bello día. Al menos en lo que respecta a la escuela de mi hija, con lo que no tendremos entonces ninguna necesidad de salir de casa, salvo que vaya a fotografiar un poco en algún momento aunque todavía no me dan tantas ganas.

Sólo existe el pequeño detalle Comarcal habitual: Como nevó, se cortó la luz. Igual que cuando llueve, cuando hay viento o cuando pasa algo que no sea un día calmo no muy caluroso ni muy frío. Es decir, cada vez que el clima no está impecable, se corta la luz. Y qué significa esto? que nos quedamos sin calefacción y, si no la cuidamos, pronto será también sin agua.Prendo el horno y un par de hornallas. La caldera se apagó anoche y la casa ya bajó unos cinco o seis grados. Hace frío y espero poder caldear un poco el ambiente a puro gas, al menos hasta que me despierte un poco. Pongo el chía en remojo, el agua para el té primero y para el mate después, me zampo medio litro de agua con limón y empiezo a pelarme la manzana. Al lado del horno. Y, ¿por qué no? Dos medialunas que sobraron del cumple caen dentro del horno muy prolijas y rápidamente empiezan a descongelarse. Sólo falta y no por mucho tiempo, un buen jugo de mandarina (lo siento, no había naranja). Y si, quién me quita el desayuno completo, un viernes, con todo el paisaje nevado, mientras leo algunas notas de diferentes enfoques de la fotografía que tengo atrasadas. Disfruto el desayuno, me tomo mi tiempo. Sé que luego tendré que mover.

Y sí. Cambiarse y chusmear a ver en qué estado quedó la estufa a leña. Hoy por hoy, la usamos de incinerador de papeles y ya lleva como cinco años cumpliendo ese rol, así que no me copa tanto meterle leña y darle palo otra vez. Pero creo que hoy no me queda otra. Si anoche ya habían caído casi diez centímetros en El Bolsón y recién empezaba, hoy debe estar hasta las repelotas (léase, más de veinte o treinta centímetros). Vacío la estufa de cenizas, reviso que esté todo más o menos bien, me calzo las botas de goma, campera, gorrito, guantes y lo que encuentro y me voy a enfrentar con la leñera. Años tapando la leña verdadera con palos de todo tipo. Años en los que me imagino una inmensa comunidad de roedores deben haber hecho nido por todos lados. Busco leña sin meter mucho la trompa, sin respirar demasiado. Lleno una carretilla y dos y tres. Y prendo la estufa. Hace mucho no lo hacía. Tiene algo de copado y algo de panic attack. Los olores son terribles, el polvo juntado en cada resquicio es horroroso, la mezcla de leña es extraña también, el olor del retamo, del palo piche, de la acacia, el olor de radales, ñires y lo que va pintando, le da un toque raro a la casa. Reviso tiraje, el techo de la estufa está medio caído pero me parece que no sale humo.La nieve afloja un poco y el techo, posiblemente la zona de la chimenea, comienza a descongelar un poco. Veo las gotas cayendo y pongo un balde. Está bueno reservar agua para los baños y para lavar los platos. Conozco el estado de los servicios de la Comarca y podemos estar sin luz por días. Olvidate del celular, de internet o de cualquier cosa de esas. Ya no es momento de laburar, los trabajos que tenía por la mitad quedarán así, por días. No puedo comunicarme con los clientes, aunque vaya a El Bolsón. Al menos por hoy, veremos mañana si mejora.

Pienso en poner la radio para escuchar a ver qué pasa, pero siento que no hace falta. Está lindo el silencio de la nieve y el crepitar del fuego. Escribo un rato, leo otro y miro por la ventana. Así como afloja la nieve, salen de la nada millones de pájaros de todos los colores y tamaños. Mientras juntaba leña, pasaban por al lado mío como si nada. Y recuerdo las treguas por el agua en África durante las sequías. Esto es más o menos lo mismo. Hoy los pájaros no se asustan ni se molestan entre ellos o conmigo. Estamos en paz. Hoy hay tregua. Los gatos los miran y no los joden. Las perras se quedan tranquilas.
Y casi sin darme cuenta se hace de noche nuevamente. Estamos demasiado cerca del solsticio de invierno y los días duran nueve horas, no más. Y antes que oscurezca del todo revisamos el freezer. Bajamos todo lo que se descongeló a la heladera, antes que sea demasiado tarde. Y bajan todos los panificados, las tortas que sobraron de algún festejo, bajan los morrones que había comprado y freezado en un momento en que estuvieron accesibles, bajan salchichas y una milanesa. Bajan prepizzas, masa de tarta y vaya a saber qué más. Busco linternas o lo que pueda ayudarme a ver algo en la cocina. Miro los descongelados y decido aprovechar la estufa rusa a mil para usar su horno, así que meto papa, batata, cebolla, ajo y morrón. Y le damos con salchicha, milanesa y pescado. Y la raw food continuará en verano. O cuando vuelva la luz. Quién sabe.

Siguió nevando casi todo el día, y el sábado también. Nevó temprano. Y subí a laburar el ratito que hubo luz, hasta poco antes del mediodía. Abrí las cortinas y miraba los pájaros entre las ramas nevadas. Y un poco de compu y tres fotos a un Diucón. Y arreglar el Evernote en la compu mientras chusmeo un Peutrén en la acacia a mi derecha. Y abrir la ventana para fotearlo. Mezclar los dos grados de afuera con los diecinueve de adentro. Pero la foto lo vale. Y cierro. Y abro. Y laburo. Y abro de nuevo.

Recién salí el domingo. A la noche. Hay mucha nieve en El Bolsón. Ya congelada la mayor parte. Parece un pueblo lindo con nieve. Parece un pueblo de montaña. Parece prolijo, incluso. Hace mucho frío. Hay nieve y hielo por todos lados. Voy con cuidado. Le tengo miedo al bolsonés al volante cuando todo está normal. Ni te cuento cuando nieva. O cuando hiela. Cenamos por ahí comida típicamente bolsonesa mientras revisamos noticias del mundo exterior. Hablamos con la familia. Chequeo el correo, pago algunas cuentas y volvemos.

La cosa sigue. Aunque el tiempo mejore un poquito, parece que siguen los efectos. El lunes no habrá clases, el martes es feriado. Los municipios están a pleno intentando restablecer lo que llamamos normalidad. Hay mucho poblador detrás de cincuenta centímetros de nieve. Y eso es mucho. Hay mucho poblador que no consiguió garrafa de gas. Casi nadie tiene luz, salvo en los pueblos. Y acá somos muchos los que no vivimos dentro del pueblo.

Hoy ya es martes veinte. Día patrio. Y millones venden locros que casi nadie irá a buscar, salvo los del pueblo. Y todos los negocios están cerrados, casi igual que ayer. Y todavía no sabemos cómo sigue mañana. Las escuelas parece que no abren. Las rutas siguen casi cortadas o para transitar con cadenas. Y dicen que se viene otra tormenta.
No me molesta. Hay leña. El tiraje anduvo bien. Y está bueno cambiar de aire de vez en cuando, no? En el pueblo ya están todos matándose, de quién tiene la culpa, de qué hace o no hace el municipio, de si podaron de más o menos los árboles y todas esas cosas que le encantan a la gente, y posiblemente otro nevadón les venga bien. Así se enfrían los ánimos. Un poco más. Y vuelve el silencio de la nieve. Y el manto blanco tapa todas las miserias.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Alberto dice:

    Y? Se acabó la nieve? O sigue en el Nevada 3?

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