Otro día no desperdiciado.

Acabo de leer en el blog de Guy Tal que finalmente publicó su libro “Another day not wasted” (la traducción sería algo como “Otro día no desperdiciado”) (link al artículo), donde, como en el libro anterior “More than a rock”, habla de sus pensamientos, sentires y experiencias como fotógrafo y amante de la naturaleza en Utah, donde vive, en Estados Unidos.

En esta publicación cuenta de dónde sale el título del libro. Y lo atribuye a una cita de Charles Bukowski, donde hacía referencia a los días vividos después de dejar de trabajar en empleos que no le gustaban. Guy Tal, basándose en la misma idea, hace un racconto de su vida anterior, pasando por diferentes trabajos hasta que dio el salto y se dedicó a lo que amaba.
Parece lógico, pero no pude evitar ir un poquito para atrás en mi vida y sí, trabajo desde joven, desde que salí del secundario casi y, a pesar que me encantó tener mi sustento, de entrada para mis boludeces y más adelante para poder llevar mi vida, comprar mi departamento y mi auto, en todos esos años tuve la sensación de que mientras ahorraba o gastaba la vida se me esfumaba. Y no es que haya tenido malos trabajos, al contrario, en gran parte de ellos estuve muy cómodo, tuve excelentes compañeros con los que aún hoy somos amigos e incluso he logrado tener muy buenos sueldos.

Estos trabajos me permitieron recorrer parte del mundo y conocer lugares y culturas bellísimos, pero estos viajes eran lo único que justificaban los otros once meses en el trabajo. Escribiendo esto, no puedo evitar el recuerdo de ir a la disquería, luego de una jornada de trabajo tan agotadora como inútil, para buscar algún cd que pudiera comprar y tener, así, algo novedoso ese día. O que, a pesar de tener un muy buen sueldo, buenos compañeros, un trabajo cómodo y sin mayores problemas, tenía esa sensación de que estaba perdiendo el tiempo, así, llanamente. Que eso no podía ser “toda” la vida.

Desde que vinimos a vivir a la Patagonia, la cosa cambió. No volvimos a estar tan cómodos económicamente en ningún momento, es más, la mayor parte de las veces estamos rozando el límite mínimo. Sin embargo, siento que en ninguno de estos veinte años volví a tener esa sensación, la del día perdido, la de haber vivido una jornada vacía, sin sentido.

Cada día de la semana debo plantearme cómo encarar las cosas que elegí hacer, parte del día será “laburo”, otra parte salud y una tercera recreación. Y las tres partes a veces son muy diferentes (preparar clases, andar en bicicleta, dibujar o pintar) o la misma (salir a fotografiar a la montaña sujetos que necesito para un proyecto). No todos los días son fantásticos y muchos se hacen cuesta arriba. Todos se pasan volando y a la noche ya, al terminar con la cena y con la cocina, suelo estar agotado pero, luego de haber leído este pequeño texto de Guy, me doy cuenta que jamás volví a sentir que había desperdiciado un día de mi vida o que estaba trabajando solamente para disfrutar otra cosa en un futuro. Ahora cada día tiene un sentido, una personalidad, una sorpresa, un sentimiento o algo a resolver en si mismo. Y ya no hay jefe a quien echarle la culpa o un estado que me deba nada. Si desperdiciara mi día sería por elección mía.

Parece obvio contado así, pero admito que en estos veinte años jamás lo había visto desde este lado. Lamento también todas las veces que hablando con amigos que tenían planes de largar todo y mudarse a algún lugar que les gustara, he analizado todo desde un punto de vista económico y de seguridad o desde el de satisfacción y futuro, pero jamás se me ocurrió enfocarlo desde ese lado, desde la idea de no perder ni desperdiciar más días de su vida. Y para mis amigos y conocidos que sí dieron el paso, los invito a analizarlo desde ahí también.

Hoy es domingo. Me desperté tarde y, a pesar de que ya es mediodía, todo lo que hice hasta ahora fue desayunar, alimentar al bicherío (perros y gatos), leer este pequeño articulo de Guy Tal y escribir este texto. Y, a pesar de que tengo planes para el resto del día, solamente con publicar esto me siento más completo, más satisfecho ya que será otro día más sin desperdiciar.

Publicado por Leo F. Ridano

Humano, peregrino y fotógrafo. Buscador, creyente e idealista. Y cuando da, escritor.

3 comentarios sobre “Otro día no desperdiciado.

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