La propia voz.

Leía recién una publicación de David Duchemin (link aqui), un fotógrafo que me encanta, porque siempre me da la posibilidad de tener una nueva mirada de las cosas.

Arranca esta entrada así: «A veces,» observa el gran músico del jazz Miles Davis, «tener que tocar por mucho tiempo para poder tocar como tu mismo». Y ya con solo esas pocas palabras se destrabaron todos estos días de silencio, en los que no podía escribir nada porque no había nada que escribir.

Esto que dice Miles Davis se aplica muchísimo a los artistas y demasiadísimo a los fotógrafos. Realmente de esto se trata la nota de David y los invito a leerla, a los que estén en el tema de la fotografía u otro arte, pero para el resto les cuento, es muy común aprender copiando técnicas y estilos al punto que, muchas veces, nos olvidamos que no vinimos a entregar eso con nuestro arte, sino que esas técnicas y estilos son las voces de otras personas, no la propia voz.

Días atrás les contaba que estaba un poco cansado de muchas cosas, que quería dejar muchos grupos, gente o situaciones, que necesitaba patear el tablero. Y cuando leía esta cita de M. Davis, no podía evitar aplicarla en mi fotografía, como era obvio, pero también venía constantemente a posarse en el resto de mi vida. Y comprendí que parte de lo que me estaba molestando no era solo el multitasking (algo que destroza mi energía super efectivamente), sino el ruido, la cantidad de ruido que había en mi vida.

¿Y qué es el ruido? Las palabras sin voz, el más de lo mismo, el «si al otro le va bien yo hago lo mismo», la fotografía linda pero vacía, la fotografía fuerte pero vacía también, el virtuosismo sólo como tal, el mismo mensaje pero toqueteado… ¿logro explicarme?

Uno de mis grupos era exactamente como tenía que ser, no se le caía una posibilidad nueva ni a patadas, ni por error diría, de manual. Y ojo, eso no habla de sus participantes, ellos pueden ser excelentes personas (en realidad lo son), pero el comportamiento de grupo los hace limitarse, amoldarse, achancharse y caer en lo típico, lo habitual, lo aprobado, lo que creemos que se ha consensuado, lo que los otros valoran, like, ven bien.

Y no es que tengamos que ser diferentes para ser algo más que otra pizza en la pila de pizzas, sino que no podemos ser ellos y, si tampoco somos nosotros, nos convertimos en un ser en el medio, que no es quién quiere ser ni quién es realmente, lo que nos deja en un ente nuevo, que no es más que un «faceboy» en Facebook, un «Instaboy» o como quieras llamarlo. Es decir, un ser producto del promedio de los millones de usuarios pero con un veintincinco por ciento de la plataforma.

Fijense sino los videos de recetas en Instagam, son todos iguales. Miren la fotografía de naturaleza, todas las fotos son lo mismo. La música actual, hasta tienen que decir sus nombres en las canciones para que podamos diferenciarlas. Realmente no me molesta tanto todo eso ya que lo apago y sigue su camino sin que me entere.

No, lo que me duele es cuando vos te convertís en eso. Si vos, la persona que está leyendo esto. Esa amiga especial que de pronto se va disolviendo en la facebook-dimensión. Ese artista de la hostia que se diluye entre las nubes de Instagram. Ese amigo que sólo habla de lo que hay que hablar. Esos promedios, esos vacíos, esos ruidos, sólo ruidos que suenan en nuestras cabezas.

Por último, y porque me parece que ya me fui al cuerno escribiendo, esto no quiere decir que uno practique, que uno imite, que uno intente. Para encontrar la propia voz debemos modular, debemos hablar, decir, equivocarnos. Podemos encontrarla, pero así como lo hacemos, podemos perderla otra vez. Pasa y mucho. Pero hay que seguir, buscando, practicando, equivocándonos y escuchándonos.

De a poquito se va a ir purificando el ambiente.

Salud. Y gracias por estar.

Publicado por Leo Ridano

Humano, peregrino y fotógrafo. Buscador, creyente e idealista. Y cuando da, escritor.

5 comentarios sobre “La propia voz.

  1. Uno de tus mejores escritos, por afano.
    Y «demasiadísimo» es mi nueva palabra. Salgo corriendo a la oficina de patentes. ¡Sonaste!

  2. Y la foto (y su tratamiento), también de lo mejor que has hecho. Mi cerebro pide más sujeto, pero así es mi cerebro.

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