Susurros patagónicos v2.0

Buen día gente, cómo están?

Bien, decididamente los tengo abandonados. Por qué? Por lo de siempre, no me animo a escribir de lo que realmente me gustaría escribir, de lo que siento, de lo que soy, de lo que me gustaría ser y a lo que aspiro a ser cuando sea grande 🙂

Si pienso lo que quiero decir pierdo lo que yo considero que es uno (si es que realmente existe) de mis características en la escritura y en la vida: la espontaneidad. Hace rato sé que cuando no soy libre de decir lo que pienso y actuar como pienso me transformo en un bicho raro que ni yo reconozco. Y eso suele pasarme mucho cuando tengo miedo de las repercusiones, de los pensamientos de la gente, de lo que digan de mi, como quien dice. Y venía bien con el blog hasta que noté que tenía posibilidades de crecer comercialmente. Ahí acoté mis pensamientos, limité mis emociones, corregí mis escritos e hice todo tan pero tan prolijo que, escribir una entrada pasó de ser un sentimiento a ser un dolor de huevos. Culpa de quién? Mía, desde ya.

Y luego con el miedo de ofender a alguien por ideas políticas diferentes o por reacciones que no serían las esperadas o, en otros casos, por miedo a tratar temas que no le interesen a nadie o subir fotos que no gusten o… terminó en esto. Nada. Y la nada es la mejor forma de no caerle mal a nadie ni ofender a nadie. Quizás no está tan mal.
Pero sigo foteando a diario. Sigo escribiendo a diario. Y comercialmente estoy a punto de fundirme. Tengo pocos amigos tirando a casi na. No puedo salir a la montaña a fotear porque no consigo pata. Así que tampoco es que me va taaaan bien. Por ende, hoy, decido que…

Bienvenidos a Susurros del Bosque v. 2.0

  • Un blog que se escribe pero no se relee porque sino le amputo el 80% de las partes.
  • Un blog que no es obligatorio leer así que si no te gusta no lo leas.
  • Un blog que tiene fotos. Porque me gusta fotografiar, me gusta transmitir en imágenes y me gusta la naturaleza de la Patagonia y las ridiculeces o cosas extrañas de sus pobladores y ciudades.
  • Un blog que, Dios quiera, puede tratar de viajes, de fotografía, de alimentación sana a pesar que de vez en cuando me mande todo lo menos sano que exista, un blog que diga que todos los políticos son unos soberanos hijos de puta (aunque tengo planes de erradicar la poca política de mi vida porque noté que me hace para la mierda). Un blog de escritura, de creatividad o más bien, un blog con la mejor leche posible que hable de nosotros como seres humanos, seres que buscan un mundo mejor, que buscan caminar en paz.

Y si ven que no hay ninguna otra entrada por una semana es que no lo logré y me reprimí nuevamente.

Saludos.

Leo

PD: las fotografías son del año pasado, de la zona de Río Villegas. Se viene el otoño, así que desenpolven esas cámaras a ver si salimos a buscarlo!

 

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Vacaciones

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Este año me tocó irme de vacaciones a la playa, así, oficiales, vacaciones como en los viejos tiempos. En los que el día indicado, bajábamos temprano con mi viejo y mientras él preparaba el auto yo le iba acercando bolsos, valijas, las bicicletas plegadas al medio, la reposera, la sombrilla. El iba acomodando todo en el portaequipajes, luego lo cubría con la lona y, finalmente, aparecía el viejo y sucio pulpo de una bolsa que nunca supe donde estaría el resto del año (imagino que con la lona). Uno de un lado, otro del otro y lo íbamos tensando o, posiblemente, yo se lo tiraría por arriba del portaequipaje y él lo tensaba. A ver viejo, me ayudás? Cómo era? El tema es que aquí se me mezclan muchas vacaciones, algunas con pulpo, otras con sogas. Imagino que el pulpo murió en algún momento pero, como acabo de darme cuenta que de estos cuentos ya pasaron unos 35 años como poco, deberé describir lo que es un pulpo y, posiblemente, también lo que es un portaequipaje.

Años atrás, los autos no eran tan chicos, eran inmensos. Pero a pesar que tenían un baúl que el día de hoy sería casi del tamaño del auto entero moderno, las familias también eran grandes, las valijas eran grandes y todo era grande. Algo así como los habitantes de la Patagonia, los patagones o patacones. Bah, no es que yo fuera más grande, pero mi familia era de seis, el auto que teníamos contaba con un motor de 3.0, bah, sólo la reposera de mi madre no creo que entre en el baúl de mi auto actual. Sin embargo, había que poner portaequipajes en el techo, pero en aquel momento no estaban las barras que se ven hoy arriba de los autos, así que esto era una parrilla con patas de metal que se encajaban en unas pestañas que tenía el auto en el techo. Arriba se apoyaban las cosas y todo eso se cubría con una lona para que no se ensuciaran, se volaran o se mojaran si teníamos la mala suerte de que lloviera en el viaje.

De golpe me dio por pensar cómo sería el pronóstico en esa época, cómo se enteraría uno?? Imagino que por la tele o el diario y, 90% seguro que le pifiarían como locos. Así que, por las dudas, mandabas la lona y ya.
Pero una lona floja, no solo es super ruidosa, sino que termina aflojándose y saliéndose, así que para atarla existía el pulpo que no era más que un aro de metal del que salían elásticos con ganchos en la punta. Posiblemente fueran ocho elásticos ya que si fueran seis se llamaría, no sé, araña y no pulpo. Tons, aro al medio e ir estirando elásticos hacia los cuatro bordes del portaequipajes para ajustar bien todo. Revisar una, dos y tres veces que quedara bien.
Subida a mear, llamar al resto de la tropa y ahí si, subir al viejo Falcon y salir rumbo a la playa, Mar del Plata generalmente, lo que podía ser unas siete u ocho horas de viaje con suerte.

Bien, este año fue con ese estilo, aunque con diferente preparación. Una valija cada uno y llenamos el baúl. Suerte que somos tres nada más. Igual fui metiendo huevadas más chicas en los espacios hasta que no hubo más lugar y recién ahí empezó a llenar el habitáculo, pero no tanto como para que la princesa pueda disponer de todo su asiento trasero libremente, como siempre, y nos fuimos.
Y, luego de años, pasé un mes tirado en la playa, leyendo, sólo leyendo. De alimentación, de mindfulness. Intentando comprender un poco más por qué hacemos algunas cosas que hacemos.

Pensaba planear mi futuro laboral pero no pude, no tuve ganas ni de pensar en él. No prendí la compu, no chequeé mail casi. Admito que me saturó. Me saturó tanta red social vacía, tanto correr para subir fotos que nadie ve o que ven por un segundo y pasan. Me cansé de estar porque tengo que estar, no porque entienda qué estoy haciendo. Me encanta escribir, me encanta fotear, me encanta mostrar el mundo como yo lo veo, al menos en esos detalles de la naturaleza patagónica. Pero ya no lo estaba disfrutando y necesité irme un ratito. Sentarme en la esquina del aula a mirar. Tomar distancia.
Y descansé. Y cargué las valijas al auto nuevamente y volví. Volvimos más bien. Y sigo sin saber nada.

Afuera hacen treinta grados o más. Y cuando digo afuera, me refiero afuera de la sombra del Roble Pellín (léase: árbol) bajo el que estoy sentado, escribiendo esto, mientras tomo mi mate mañanero después de haber ido a caminar / correr por una hora. Y acá, sentado, oxigenado, escuchando música linda, con vista a las montañas de mi pueblo y escribiendo pienso que todo está bien. Que quiero agradecer las tantas bendiciones que tengo la suerte de recibir.

Y ya habrá alguna entrada depresiva más adelante, así que espero que hayan disfrutado de ésta.

Charla entre Arachnitis

No he salido a fotografiar mucho este año. Al menos después del intenso viaje de otoño. Sin embargo, al empezar la primavera, nuestra primavera, la que llega casi con el verano, empiezan a surgir flores y fotos diferentes, bellas, cotidianas, fuera de foco, como pinturas, quizás. Y esta vez fueron un par de flores de araña (Arachnitis uniflora) pero si buscás bien aparecen otras más.

Intenté por largo rato encontrar palabras para estas fiestas pero no hay caso, no salen. O salen demasiadas. Hay una sola cosa que me encantaría que se nos grabe en el cerebrín: todo se puede cambiar, absolutamente todo. Incluso lo genético en nosotros, parece. Así que quién seas y qué estés viviendo es por absoluta decisión tuya. Lo que hoy parece imposible, lejano, utópico, idealista o como quieras llamarlo, no lo es tanto si das un primer paso. Y mañana otro y luego otro. Sin dar pasos, hasta lo que tengo a dos metros es inalcanzable.

De corazón les deseo una muy Feliz navidad y un hermoso año nuevo.

Patagonia fungi, cena / degustación de hongos silvestres

Jueves a la noche. Entro en El Bataraz, uno de esos bellos y modernos restaurantes que alguna vez me gustaría encontrar en alguno de los pueblos de la Comarca Andina. Y, como siempre que se abre una puerta, diferentes personas me miran, por suerte reconozco algunos de ellos y hacia allá me dirijo.

La entrada de este viejo edificio galés hoy convertido en restaurante es por un ambiente todo vidriado, con techo de tablas de maderas separadas para atenuar un poco el sol durante el día y darle un toque de diseño inyteresante. A mi derecha, cuando entro, encuentro la vieja pared de ladrillos con sus puertas antiguas y un inmenso reloj que antes daba al exterior y hoy a este recinto. A mi izquierda, dos personas en una mesa preparan tragos de bienvenida. Tomo el mío, un líquido parte rojo, parte amarillo, vaya uno a saber de qué. Nunca fui bueno para identificar estos tragos: suelo aceptarlos, disfrutarlos y listo.
Ojeo el lugar. Gente parada con sus tragos charlando. Y en las paredes y ventanas, varios cuadros con fotografías de hongos comestibles patagónicos decoran el lugar. Quedan bien. Y me gustan. Sino no las hubiera impreso o colgado hace unas horas. Pues sí, estoy aquí como invitado del proyecto Patagonia Fungi para exponer mi arte e intervenir en su cena degustación de hongos de primavera.
Saludo a los pocos conocidos y, luego de un ratito nos invitan a pasar a las mesas. Me toca sentarme en otro ambiente cuyas viejas paredes de adobe fueron protegidas por paredes de vidrio delante de ellas.

Me impresiona el resultado, ya que entre el vidrio y el adobe, numerosas lámparas iluminan y nos muestran la textura del barro seco dejando apreciar la manufactura del edificio y otorgándole un toque moderno a la vez que resalta su antigüedad. Me toca la mesa del centro, con, Caro, una de las doctoras en micolología que llevan adelante este proyecto, dos personas que tienen a cargo diferentes áreas del municipio de Trevelin y otra persona del INTA. Desde ya que entre ellos se conocen. Yo, ni idea. Pero no suelo ser muy tímido y no tardamos en ensalzarnos (nunca mejor usada esta palabra que en una cena gourmet) en conversaciones con temas de todo tipo cuando, acompañado de una copa de buen malbec, llega el primer plato, un Sorbette de Morillas, cuyo gusto, delicado y sabroso confirma que se avecina una de esas noche que se recordarán por mucho tiempo.

Patagonia Fungi es un proyecto llevado adelante por las doctoras Carolina Barroetaveña y Belén Pildain, que son quienes organizaron este evento por parte del CIEFAP junto a Hernán Baigorria, dueño del restaurante El Bataraz, lugar donde se lleva a cabo. Ellas nos cuentan, mientras probamos el primer plato, como será esta noche de degustación, cuya totalidad de platos cuenta con variados hongos silvestres patagónicos y también acerca del proyecto que ya lleva un tiempo en proceso y donde se estudian tanto de las facultades organolépticas de los fungi, como las propiedades de las especies como alimento entre otras cosas. Pero lo interesante, para mí, es que esta es una de esas veces en que no todo queda en estudios abstractos e incomprensible para nosotros, el resto de los seres humanos no científicos, sino que toda esta investigación desemboca en las manos de Toti Ricci, la chef que será la encargada de la magia de esta noche y que Inmediatamente nos manda el segundo plato, una Terrine de trucha ahumada sobre mil hojas de papa y mix de hongos morillas, fistulina y pino. Impresionante. La mezcla de sabores, donde intento encontrar el detalle del gusto de la Fistulina antarctica, una especie que me encanta visualmente pero que nunca me había animado a probar.

Podría afirmar que la fotografía de hongos es lo que más me apasiona de mi trabajo, no sólo porque se quedan quietos cuando uno prepara y hace la toma fotográfica, sino porque la variedad de colores y formas de los mismos es tan grande que jamás deja de asombrarme. Siempre me intrigó cómo sería el sabor de algunos de mis sujetos fotográficos pero, al no estar seguro si eran comestibles o no en algunos casos o no saber cómo prepararlos en otros, jamás di un paso más allá de lo enteramente visual. La Fistulina era una de las que más me intrigaba pues me contaban que era muy rico, y tamibén las del plato que viene a continuación: la Mousse de hongos Ramaria y Calvatia sobre rúcula. He fotografiado muchas veces la Ramaria, especie que se encuentra comúnmente a la venta en el mercado callejero chileno y que suelo encontrar en el suelo del bosque andino patagónico. En este caso, el mousse resultante con los sabores de ambas especies es delicadísimo, como todos los platos que vamos probando y donde admito que me sorprende la diferencia de gustos.El primero que habla entre platos es el doctor Mario Rajchenberg, presidente de la Asocación Micológica Argentina y creador del grupo de investigación de este proyecto. El nos cuenta algo acerca de los hongos que van llegando en los platos entre otras cosas del mundo micológico. El cuarto plato se titula o más bien se describe como hongo Shitake, con reducción de salsa de soja. Mientras escucho a Mario no tengo mejor idea que comerme una bolita de una pasta de wasabi. Joder, qué experiencia! Eso es el más allá, supongo por un momento que me tocó el hongo equivocado, ya que siento vaporcito saliendo por la nariz y mis orejas cuan toro malo! El efecto pasa rápido y luego comentándolo con mis compañeros me entero que el wasabi es una raíz y no un hongo. Suerte que el malbec no falta ya que las personas que nos atienden se ocupan que la copa nunca baje de cinco milímetros para llenarla de nuevo.

El quinto plato son unos bellísimos Paquetitos de masa philo con hongos de fistulina y morillas. Ya no sé qué esperar de cada plato. Siguen variando los sabores, no siendo nunca parecidos, y hasta ahora, salvando el wasabi (que toda la mesa sabía que no se comía menos yo parece), todo es absolutamente delicioso y novedoso, al menos para mi paladar. En la cocina con hongos, es muy delicado el balance de sabores ya que estos tienen un gusto muy sutil, por lo que la preparación no puede pasarse en condimentos pues tapan fácilmente los hongos.

Ya hablaron Belén y Carolina, así que sé que mi intervención se acerca. Me habían avisado pocas horas antes que tenía que hablar acerca de la fotografía de hongos. Mientras saboreo el sexto plato, unas alucinantes Bombas de morillas rellenas con cuatro quesos y salsa de zanahoria pienso qué decir. Habiendo hablado hasta ahora todos micólogos, yo seré el primero en cortar ese hilo. Siendo artista o, si queremos acotarlo al ámbito universitario, diseñador, no tengo esa línea de relato que ellos tienen ni esa seriedad y formalidad aunque me lo proponga. Y menos con tres o cuatro copas de vino encima. Me avisan, me llaman. Hablo. No me abuchearon ni revolearon hongos venenosos, así que creo que zafé. Sé que no solo yo tengo cuatro copas, sino que ellos también. Eso debe haber ayudado posiblemente.

Vuelvo a la mesa dispuesto a disfrutar de mis Gírgolas a la parrilla. Noto que nadie tiene hambre a esta altura. Aunque sean platos gourmet, es decir, chiquitos, cuando uno va por el séptimo plato ya no hay hambre que valga. Pero luego de tantos años de imaginar los sabores no puedo dejar de sorprenderme ante cada entrega, pensando en el hecho de que seamos un pueblo micófobo, como nos contó Mario, a diferencia de otros pueblos europeos. Qué lástima! Los hongos están en el bosque, en las praderas y sin mucho trabajo ni costos podrían aportarnos nutrientes diferentes que ayudarían a variar nuestra dieta, sin embargo nos quedamos en las dos o tres especies conocidas y no pasamos de ahí.

Luego del octavo plato, las alucinantes creppes de hongos Shitake, Calvatia y Morillas en papillote, aparece Toti Ricci, la chef, para presentarse. El reloj ya fue más allá de la una de la mañana pero la mayoría de los comensales siguen ahí, firmes, sabiendo que estos evento no suelen repetirse seguido, al menos por estos lares. Y cuando ella sale explota una interminable serie de aplausos. No soy el único sorprendido por los sabores, aromas y presentaciones, sino que todos sentimos lo mismo. Se la ve feliz, pero agotada. Y nos cuenta que esto es resultado de meses de probar hongos, recetas, combinaciones.

Y nos cuenta que para ella, la reina de la noche viene en el último plato, la Cyttaria o, como se llama comúnmente, el llao llao. Y nos lo sirven como Brochette de hongos llao llao, marquise de chocolate sobre helado praliné. Y me sorprende, ya que este era otro de los hongos que había probado y no me había parecido rico o interesante en particular. Sin embargo, al combinarlo con chocolate o con la hoja de menta, acompañado de helado, lograba un sabor suave y único, además de esa textura tan particular que, para mi, es el gran valor de este hongo.

Serían las dos de la mañana cuando, luego de despedirme de mis compañeros de mesa, otros comensales y los anfitriones, pego la vuelta para el hotel. Vuelvo contento, satisfecho. Pero no solo satisfecho de alimento, sino satisfecho de alma. Cuando uno vive un momento de quiebre, de cambio, de ruptura, al menos en lo profesional como estoy viviendo ahora, un evento de estos te muestra un pantallazo del camino recorrido, de lo que podría verse más adelante y, por qué no, devuelve un poco la confianza en lo que uno hace. Ver mis fotografías en un ámbito que me gusta, en una ocasión que es perfecta, con gente que sabe apreciarlas, con gente que las valora más allá de lo científico y otros que lo hacen más allá de lo artístico. Ser parte, aunque sea pequeña, de un evento que considero que fue perfecto, es algo que empuja. Empuja a creer que es posible hacer las cosas bien. Sinceras y con sentido.

Recomiendo a mis lectores estar muy atentos a este nombre, Patagonia fungi, una iniciativa de investigadores del CIEFAP que logran conjugar visiblemente toda la ciencia con la vida cotidiana, algo que, al menos en mi caso, valoro muchísimo. Pues cuando estos tantos “científicos” lindos que he conocido desde que vivo en Patagonia, salen a la calle y aplican sus conocimientos (de forma visible y comprensible) en la vida real suelen ser cosas más que imperdibles. Y esta, lo juro, es una de ellas con creces.

PD: En la cena, me contaron que publicaron dos libros que hablan de los hongos comestibles de la Patagonia. Y que ambos están para bajar en la web del CIEFAP, por si a alguno le interesan, son dos: el de hongos silvestres comestibles de los bosques nativos de la Región Andino Patagónica de la Argentina y el de hongos comestibles silvestres de plantaciones forestales y praderas de la región Andino Patagonica de Argentina.

Venta de fin de año!

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Sé que hace años más de uno de ustedes está buscando cómo llegar a los excelentes productos que ofrezco. Bah, o puede que nunca lo hayan pensado siquiera. Pero este año, trompada va, cazote viene, me quedé sin puesto de venta y, de golpe, me encontré con una caja llena de fotografías en casa. Fotografías impresas. Bonitas. Y se me ocurrieron dos cosas:

  1. No quiero que duerman la vida eterna en una caja
  2. Ustedes están por salir a gastar un dineral en los regalos de fin de año, de las fiestas, del amigo invisible y todo eso.

Qué mejor idea podía tener entonces que liquidar esa caja, a menos de la mitad de lo que vendía esta mercadería el verano pasado? Yo recupero lo invertido para comprarme un libro que me explique de qué catzos voy a vivir de acá en adelante y ustedes se llenan de regalos de calidad y baratísimos.

Sin compromiso, los invito a navegar un poquito entre las ofertas. Como siempre, a mayor cantidad mayor descuento. Demasiado quizás. Asómense entonces por la Venta de Navidad.

Muchas gracias y saludos.

Leo

PD: Para los que sí conocieron o compraron alguna vez mis fotos, les cuento que por ahora la idea es que sean las últimas. Cuando liquide esto sigo solo con las guías fotográficas y fotografías a pedido. Nada de venir a llorar en unos meses… 🙂

Coraje

¿Dónde quedó nuestra alma? ¿Enterrada bajo qué App? ¿En qué red social? Siento que con la fotografía está sucediendo lo mismo que pasó con el diseño, tan cotidiano se volvió que desapareció. Parece que vemos diseño por todos lados pero realmente no vemos casi nada. Y siento que la fotografía sigue el mismo camino, tanta tanta foto nos está volviendo ciegos.

 

Amancay (Alstroemeria aurea)Sábado y domingo son los días que me gusta dedicar a chusmear los blogs de fotografía y hoy, mientras veía qué se decía, me agarró una sensación de que ya era suficiente. Que está bien así, me aburrió ver constantemente más y más de lo mismo. Me harté de ver jóvenes que como no usaron película de rollo ahora lo descubren y les encanta y “descubren” el mundo que acabamos de dejar atrás. Me aburrió ver mil opiniones de millones de equipos nuevos que salen al mercado cada día y también ver que los que aprenden foto de paisaje hacen todos las mismas fotos de paisaje y los de calle lo mismo y tos lo mismo. Y es todo igual e igual e igual y no pasa nada más que eso.

Me está aburriendo ver las mismas cosas una y otra vez. Imágenes del mundo sin sentimientos, sin subjetividad. No son opiniones, son solo retratos de frente. Al punto que hoy se me cruzó una fotografía de un cachorro de elefante prendido fuego saliendo de la selva tras su madre y aunque era verdaderamente horrible, sentí que esa imagen fue hecha por la foto, no por la historia. Me costaría creer que la cría de elefante realmente le importara. ¿Cómo explicar los sentimientos en una fotografía? No lo sé realmente, algunas veces me sale pero creo que producto de la suerte, no de la técnica, no consciente. Y es por eso que no podría enseñarlo tampoco, ya que los sentimientos están en el ser humano, no en un taller de fotografía. Y creo que justamente todos los talleres, cursos, workshops que conozco carecen de eso: de desarrollar la expresión del sentimiento, de la emoción. Podría afirmar incluso, que carecen de la pasión correcta si es que hay tipos de pasión.

La fotografía que vi esta mañana. La fotografía que vi estos días dejó de respirar, dejó de latir. Damos vuelta tras recetas conocidas, cotidianas, imitativas. Hace veinte años hubiera pagado oro por ver imágenes de la vida cotidiana en Bali o de una tribu maasai en Kenya. Hoy las veo a diario, millones y millones de ellas y no siento conocer nada nuevo realmente, no logro sentir a los pobladores.

Veo imágenes no visiones. Veo conjunciones de líneas, puntos, planos, colores pero no almas. Ni en el foto periodismo lo veo ya. Me harté de enfrentarme a fotografías terribles, dolorosas, sangrientas, tragedias, llantos… Lo siento, quizás soy demasiado añoso y ya las vengo sufriendo hace más de treinta y cinco años. Vi fotos horrorosas de guerras mundiales, de VietNam, de Malvinas. Vi gente muriendo de hambre en África, miles de niños con mocos y moscas y todo esto desde hace años lo sigo viendo aún. Y me pudre. Vi caras y caras y miles de caras de la calle. Tan diferentes como pueden haber sido creadas por la paleta de Dios, al moldearlas y la de cada uno luego al vivir la vida e ir cambiando su expresión, viviendo cada cicatriz.

Siento que la simplicidad de la nueva fotografía, el hacer la toma, retocar y subir una foto, es tal que pareciera que ya no hace falta que pensemos nada más acerca de ello. El nuevo mundo se convirtió en mirar, tomar, tocar, subir, verificar cantidad de likes y olvidar. En total una hora. O dos.
Creo que si hoy me preguntaran si me gusta tal o cual foto, si fuera enteramente sincero te diría que no, que muy posiblemente no me gusta. Porque no me mueve, no me despierta, no me conmueve, no me hace viajar, ni emocionarme. No me aburre siquiera. Porque no te veo, ni un poquito, veo un mal reflejo de un Steve McCurry, un pedacito defectuoso de Ansel Adams o la chispa más apagada de Martín Parr por nombrar algunos.
Dónde quedó nuestra alma? Enterrada bajo qué App? En qué red social? Siento que con la fotografía está sucediendo lo mismo que pasó con el diseño, tan cotidiano se volvió que desapareció. Parece que vemos diseño por todos lados pero realmente no vemos casi nada. Y siento que la fotografía sigue el mismo camino, tanta tanta foto nos está volviendo ciegos.
Y no es solamente una crítica a los jóvenes, a los viejos, a los nuevos en el tema o a los que fotean hace mucho, es a todos, es a mi y a mis amigos fotógrafos también. Lamento haber perdido aquel amigo que de alguna manera mantenía prendida la llama del verdadero valor de la fotografía, del verdadero oficio, del verdadero arte. Hoy me siento a oscuras, siento que me pierdo. Que es más fácil subir alguna imagen de vez en cuando para mantenerme a flote y que no me olviden, en vez de hundirme y que esto me obligue a reinventarme. Tengo millones de ideas mucho más valiosas que las posibles fotos que estoy buscando hacer, pero me cuesta crear un nuevo lenguaje, necesito creer en muchísimas cosas para hacer eso, necesito tener mucho tiempo que hoy no tengo y, lo peor de todo, necesito tener muchísimo coraje que parece que no consigo encontrar. Coraje para bucear dentro mío y comprender qué es lo que realmente necesito expresar. Coraje para apostar y perder si es que eso ha de ser (aunque sé que gano más si saco algo auténtico que lo que perderé porque a nadie ele guste). Coraje para vivir una experiencia en vez de mirarla desde atrás de la baranda. O del visor.

Título, exactamente eso.

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Vagando por la web, los blogs, el facebook, clickeando de aquí para allá, conduciendo por el ciberespacio como si fuera la cuarenta viniendo de Bari no pude evitar pensar que somos títulos, simples títulos. O, peor aún, queremos serlo muchas veces: yo fotógrafo, aquel doctor, yo de la National Geographic, él del AdobeStock, o de naturaleza. Y no pude evitar pensar en lo pequeños que son nuestros logros a veces y lo grandes que son otras. Cómo necesitamos vendernos, promocionarnos, catalogarnos.
Y se me ocurrió. Joder, no es suficientemente difícil, bello, completo y hasta sin límite casi, ser humano?